
Este relato lo escribió Satyr para que al fin se despertase la ninfa que habitaba dentro de mi.
Sigue pendiente....
Espero poder llevarlo a cabo en breve.
Te lo debo a tí, Satyr, que no has dudado en sacarme a la luz. Gracias...
Sigue pendiente... pero muy pronto lo experimentarás, y conocerás el placer de entregar por completo tu cuerpo, tu alma y vivir completamente desposeída y enajenada horas de placer interminables...
Recuerda, esa ninfa ya existía dentro de ti..., descúbrela, disfrútala...!!!
Siempre me gustó sentirme puta. Es una fantasía que me había perseguido desde que alcancé la madurez y en cierta medida la he cumplido, al menos así me he mostrado y comportado amenudo con mis amantes, como si fuese un auténtica puta. De todos modos, por muy puta que estuviese dispuesta a ser y por mucho que así me mostrase, esta actitud no ha dejado de ser fingida. Por ello, esta situación no ha conseguido saciar mis ansias, ni me produce todo el morbo que me gustaría sentir siendo una puta de verdad. Por lo que decidí transformar mis deseos en hechos, en los que experimentase como sentirme puta de verdad.
Pensé que para sentirme verdaderamente puta, debería comportarme y pensar como tal y hacer exactamente lo mismo que hacen las putas. Decidí anunciarme en un periódico local en la sección de contactos, donde muy explícitamente me ofrecía para todo y mostraba dispuesta a los deseos más lascivos que los clientes deseasen solicitar, con la intención de atraer a la más variada clientela masculina. La respuesta no se hizo esperar y a las pocas horas de publicarse el anuncio, recibí las primeras llamadas. La verdad es que la cantidad que pagasen por mí me resultaba irrelevante, no era el dinero en si lo que más me interesaba, de hecho una vez vivida esta experiencia no tenía intención de mantener el anuncio. Solo se trataba de sentirme puta una vez, si me gustaba la situación podría repetirlo pero en principio solo tenía intención de experimentarlo ocasionalmente.
Esta situación me permitía elegir el cliente que más me apeteciese o mejor dicho el que más me inspirase, indistintamente de si los honorarios era abundantes o no, incluso me resultaba más morboso que fuesen bajos, de forma que así me sentiría más puta todavía. Tras descartar a varios posibles clientes, me llamó uno que por su estilo y tono de voz me inspiraba suficiente confianza como para continuar con el juego, por lo que en el transcurso de la conversación fui dandole pie a sus deseos, y finalmente acordamos una cita. Así fue, pactamos que nuestro encuentro fuese muy discreto, le propuse que podríamos vernos en un motel de la zona, él se mostró dispuesto a que nos viésemos en su casa. Esto me gustó y me inspiró más confianza todavía. Acordamos unos honorarios de 30 euros, lo cual no estaba nada mal sabiendo que él pondría la cama y así, zanjado el trato, me vi camino de su casa dispuesta a sentirme más puta de lo que nunca había podido imaginar. De camino mi mente morbosa se retozaba con la situación y no hacía más que pensar hacia donde me dirigía y lo que me disponía a hacer, de tal manera que mi coño me resbalaba entre las piernas de lo mojado que se encontraba. Miraba a mi alrededor y tenía la sensación de que las personas que pasaban por la calle me observaba y podían leer en mi cara lo que estaba a punto de ocurrirme. Me fascinaba la idea de entregarme a un hombre que ni siquiera había visto ni una sola vez, para que dispusiese de mí con total libertad, no solo porque yo lo desease si no también porque me debía a él puesto que para eso me pagaría, lo que le atribuía más derechos todavía.
Cuando llegué a su casa, me abrió la puerta me invitó a pasar y toda mi intriga se fue desvelando, me gustó su aspecto... Nos saludamos, nos besamos y me pagó mis 30 euros, la cosa empezaba bien, a partir de ese momento comenzaba a sentir que irremediablemente era suya, no solo por que ya me había pagado, si no porque empecé a desearlo más de lo que había imaginado.
Me invitó a entrar en una habitación y me pidió que me desnudase, al rato apareció completamente desnudo, y así, comenzamos las mil y una noches…
Me folló de mil maneras y yo no lo cuestioné ni un solo momento. Podía sentir como disfrutaba conmigo y de mí, pero lo que él no podía imaginar era que yo, con toda mi sumisión y disposición hacia él, estaba disfrutando infinitamente, gocé como no recordaba, era un amante consumado, que elevó mis sentidos al grado máximo de placer y a la vez gocé infinitamente con la sensación de subordinación a la que me sometió.
Por fin me había sentido puta, fui puta…